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El aviso del psicólogo Rafa Guerrero a los padres: «Invalidar las emociones no es muy buen ingrediente»

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Goundo Sakho

El vínculo entre padres e hijos es fundamental para la adaptación social de los niños. Aunque es un punto crucial para el bienestar emocional de ambas partes, a veces puede llegar a ser complicado de conseguir a causa de las diferencias generacionales, las expectativas puestas sobre los más pequeños y la evolución de los roles de familia. Siguiendo esta misma línea, el psicólogo Rafa Guerrero ha expresado en una entrevista en ‘Onda cero’ que es importante cuidar el entorno de los niños.

Problemas, incluso antes de nacer

Muchos de los problemas que surgen entre padres e hijos tienen su origen en los fallos de comunicación. Como expone la asesoría Family Business Solutions, «excepto en familias disfuncionales, el padre y la madre suelen estar siempre en una posición de superioridad en la familia, respecto de sus hijos e hijas. Son los ‘jefes de la familia’, cosa que significa que asumen la responsabilidad y tienen la última palabra a la hora de tomar decisiones».

No obstante, Guerrero cree que se trata de algo que se desarrolla incluso antes de nacer: «Todo esto comienza ya no solamente cuando el chiquitín viene a este mundo, sino que empieza en el vientre materno y, si me apuráis y con ánimo de provocaros un poco, esto comienza cuando mi mamá y mi papá se conocen«, puntualiza.

Durante la gestación, el feto percibe las emociones de la madre, de modo que si la madre padece angustia, el bebé puede nacer con un sistema nervioso desregulado, algo que se traduce en más reflujo, llanto excesivo o dificultades para dormir. Además, según el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kenedy Shriver, esto también puede provocar cambios en el neurodesarrollo del bebé, incluyendo problemas de conducta, déficit de atención e hiperactividad. 

La desidealización de los padres

«Lo que tenemos que hacer nosotros como tribu, ya no solamente como mamá y papá, sino con el resto de los adultos que estamos alrededor de los chiquitines, es tratar de generar un vínculo seguro con nuestros niños«, explica Guerrero. Las discusiones de alto tono o las altas tensiones no resueltas entre parejas pueden afectar a los niños física y psicológicamente, además dedebilitar los lazos de forma progresiva.

En la adolescencia es más común de lo que pensamos que el rencor, la culpa y la ambivalencia estén presentes, puesto que es una etapa en la que los jóvenes desarrollan su personalidad y su pensamiento crítico. Esta etapa implica, además de cambios físicos, cuestiones en torno a aspectos como las normas sociales y académicas, la tecnología y la libertad; se propicia la desidealización de los progenitores.

Simultáneamente, los padres, de forma inconsciente, reflejan sus preocupaciones y traumas en sus hijos, lo que se conoce como transmisión intergeneracional de trauma: «La salud conductual a largo plazo de la adversidad infantil se extienden a través de generaciones de padres a hijos”, resalta Adam Schickedanz, pediatra de la Universidad de California, en la revista ‘UNAM’. A través de los mecanismos de defensa adquiridos a lo largo de sus vidas, pueden provocar patrones de relaciones disfuncionales dentro y fuera del círculo familiar.

«Necesitan que estemos con ellos»

Debido a la complejidad de este proceso, algunos padres y madres, sobre todo los primerizos, pueden requerir apoyo para mejorar la relación que tienen con los más jóvenes de la casa. Según el portal especializado ‘Psicología y mente’, cuando surgen problemas de comunicación y de expresión de emociones, es necesario tomar medidas cuanto antes, por el bien de todos.

Para ello, es esencial practicar la escucha activa; «aplicar normas de comportamiento o de convivencia en el hogar, consensuadas y aceptadas por toda la familia, en lugar de imponerlas de manera autoritaria»; y mostrar afecto e interés por sus actividades. Asimismo, es importante respetar su independenciamantener la calma antes de corregir ciertos comportamientos y evitar las comparaciones con hermanos, padres u otras personas de alrededor.

«Necesitan que, en el momento que estemos con ellos, estemos realmente con ellos, es decir, no solamente es estar disponibles, sino también estar accesibles. Que empaticemos… Muchas veces, con buenas intenciones, ‘venga no llores por esa tontería’ o ‘no te pongas así’, ‘ay, que te pones muy feo cuando lloras’. Invalidar las emociones no es muy buen ingrediente«, zanja Guerrero.

Fuente: https://www.elperiodico.com/

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